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LOCALES OTRA VEZ – UNA NOCHE BIEN CRIOLLA

LOCALES OTRA VEZ – UNA NOCHE BIEN CRIOLLA


Del “pogo” de Kapanga al relax de los Beatles

Miles de fanáticos de nuestro país hicieron temblar al coqueto Otago Stadium. Del éxtasis a la agonía.

“¡Andate a dormir vos…yo quiero estar de la cabeza…tomarme un vaso de cerveza…y emborrachar mi corazón…” El tema de Kapanga sonaba fuerte en el estadio y enloquecía en la previa del partido a los más de 2 mil fanáticos argentinos que alentaron a Los Pumas en su debut en Dunedin.
Cantando, saltando. Festejando aún en la derrota, los argentinos demostraron su fidelidad incondicional hacia el equipo dirigido por Tati Phelan.
Fueron llegando en banda al estadio. De repente, se presenta el hermano del Veco Villegas, cuyo tradicional torneo organiza cada año Tucumán Rugby para los M19 campeones de todo el país.
También un anciano de 88 años, nacido en la India pero residente en Nueva Zelanda y confeso “fan de Piumas”, se apresura para llegar al estadio. Además lamenta haber pagado “tanto”, 250 (más de 800 pesos argentinos) dólares la entrada.
Después, en el estadio, de todo. En el universo movedizo que representa la tribuna hay de todo. Los hinchas conservadores que disfrutan del partido y se emocionan a su manera. Es decir, no se sabe si están felices, tristes o todo les da igual. Los locos que se disfrazan y se pintan entero de celeste y blanco y gritan hasta en el entretiempo. Los que lucen alguna camiseta histórica del Seleccionado. Los que flamean banderas, por momentos sin darse cuenta que están al revés o toda enredada. Y los que no ven el partido, porque se la pasan  buscando la cámara para que “alguien” se entere que ellos están allí. En el estadio. En el Mundial. Con Los Pumas. Allí, donde en el entretiempo  también se oyó “Matador”, de los Fabulosos Cadillacs. Y el agite de los fanáticos, nuevamente. La excitación. La locura. El fanatismo. La pasión. El hincha de rugby. El amor por Los Pumas. El odio a los ingleses. La esperanza del triunfo. La desilusión de la derrota. Pasando por todas las emociones posibles, los argentinos dieron la nota en las tribunas. Ellos ganaron en su debut.
Hubo locos de Tucumán (con bandera incluida), de Buenos Aires, de Santa Fe, de Córdoba, de Catamarca, de La Plata, de Rosario y de Mendoza, entre otros de varias provincias más.
Todos pasaron del éxtasis a la agonía. Disfrutaron del rendimiento del equipo. Se entusiasmaron con la ventaja en el marcador. Pero después, la otra música. A Los Pumas se les había venido la noche ante Inglaterra. Los gringos, felices. Y los argentinos, resignados. Pero para la despedida, el canto de despedida: “¡Argentina, Argentina!”. Pero de fondo, en el estadio, la organización ya  guardó los discos de Kapanga y de la ex banda de Vicentico. Y sólo suenan los Beatles. El festejo es inglés.

DESPIECE

Dunedin, argentina por un día



“Vamos aryentina…nou ingland…” Seis de cada 10 neozelandeses demostraban su apoyo y simpatía por Los Pumas en la previa del debut mundialista con Inglaterra. Los motivos son dos: Los Pumas caen simpáticos, por su garra, corazón y entrega. Y los fanáticos de los All Blacks odian a los ingleses. Entonces, los locales reforzaron la masiva hinchada argentina en el Otago Stadium para hacerle frente a los británicos. En la cancha ganaron los europeos. En las tribunas, los sudamericanos. Con ayuda Kiwi, claro. Porque Dunedin, fue argentina por un día.

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