LA TIERRA DEL PANICO – DE LA EXPECTATIVA DEPORTIVA AL TERROR DIARIO
El miedo es el habitante más poderoso de Christchurch
El terremoto de
febrero dejó sin Mundial a la ciudad más importante de la Isla Sur. La
ciudad quedó en ruinas y tiembla a diario.
Son las 16.30 del
martes en Chrisctchurch. La 1.30 de la madrugada del martes
argentino. "Sugu" y yo estamos en el aeropuerto internacional
esperando el vuelo de SCRUM 5 vuelo para llegar a
Wellington, donde Los Pumas jugarán el domingo con Escocia. De repente,
un sacudón violento de la tierra nos hace entender cómo se vive en la
principal ciudad de la Isla Sur de Nueva Zelanda, desde que los
movimientos de la tierra se convirtieran en una “maldita costumbre”. El
miedo pasó a ser el habitante más poderoso de Christchurch, la ciudad
reina de los jardines y parques que se quedó sin Mundial por el trágico
terremoto que sufrió en febrero de este año, con un saldo de 200 muertos
y más de 70 mil personas que dejaron la ciudad, mudándose inclusive
hasta Australia. Tuvieron que empezar de cero. El de hace 7 meses fue el
movimiento más brutal. Pero no el primero. Hubo un aviso en septiembre
del año pasado. Y otro fuerte sismo en junio pasado. “Esto nunca antes
había pasado”, le dice Eva, una septuagenaria empleada del aeropuerto,
como aclarando que acá “los temblores no eran normales”. Hoy son la
principal amenaza. Todos tienen miedo aquí. El traslado
desde al aeropuerto hacia “algún lado” como para pelearle al tiempo
(tenemos 5 horas de espera) es inútil. “No hay centro”, nos advierten.
“Sólo podrían visitar el Jardín Botánico, que está cerca del
aeropuerto”, proponen. Pero no. Allá afuera casi que no hay vida. Sólo
miedo. Emociona más aún ver cómo la Cartelería promocionando y esperando
el Mundial de rugby sigue intacta en el aeropuerto. “Viniste al lugar
del mejor rugby”, dicen los afiches. Pero el rugby también debió
emigrar. Se fue a Dunedin y a Invercargill. Aquí Los Pumas no llegaron.
Aquí se fueron os sueños y la alegría. El miedo es el jefe de la ciudad.
Y este cronista, como cada quien que vive en Chrisctchurch, espera otro
sacudón. Así se (sobre) vive aquí.

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