La ajustada derrota frente a los Wallabies por la cuarta
fecha del Rugby Championship, en Gold Coast, dejó mucha tela para cortar en
cuanto al juego y a lo que se genera alrededor de esta primera participación de
los dirigidos por Santiago Phelan en esta competencia.
No es fácil la ruta que le toca transitar a Argentina. En la
previa a este duelo, había una
expectativa muy grande en torno a una posible victoria, como si el rival de
enfrente fuera accesible o inferior al potencial de nuestro seleccionado.
Jugando mal, los Wallabies mostraron su carácter para revertir un encuentro que
parecía perdido y dejaron en claro porque están entre los mejores seleccionados
del mundo.
La argentinidad al palo se vivió a full antes del pitazo
inicial y es la que no debe marear a nadie en el ambiente del rugby, puesto que
todavía estamos en un proceso de aprendizaje para llegar al nivel de estas grandes
potencias. El mérito de estos Pumas, que todavía están un escalón por debajo de
sus rivales, es que no se dejan contaminar por esos comentarios y en la cancha
demuestran que dan la talla y sobra materia prima para convertirse, en un
futuro, en potencia.
Para eso deberá pasar mucha agua bajo el puente. El foco
tiene que estar puesto en mejorar el juego y para eso están en esta
competencia, para aprender de los mejores. A medida que se evolucione, los
resultados aparecerán solos, pero es clave no saltear ningún paso.
El escalón abajo que
marco, tiene que ver con acostumbrarse a los golpes, pero por sobre todas las
cosas, al ritmo de juego de estos tres
monstruos del rugby mundial. Sin embargo, no se puede dejar de reconocer que el
seleccionado argentino se acomodó más rápido de lo que se esperaba a esta
exigencia.
Tras esta derrota, también quedó claro que no se puede
pretender ganar un partido en este nivel, si no se cuenta con un pateador
confiable y con un correcto manejo de los kicks tácticos. Se dio un paso atrás
en cuanto al cuidado de la pelota. Es como intentar taparse con una colcha
corta, cuando se mejora un aspecto, se descuida otro. Igualmente, son
todos inconvenientes corregibles y que
con trabajo se pueden superar.
Las formaciones fijas se mejoraron sustancialmente respecto
a años anteriores. En el line hay muchas variantes y Phelan encontró en Eusebio
Guiñazú un tirador confiable. Además, el scrum argentino volvió a recuperar su
poderío característico y en más de una oportunidad le genera dolores de cabeza
al rival.
Todavía faltan dos fechas para culminar este emocionante
primer periplo argentino en el Rugby Championship. La Plata y Rosario deben ser
una fiesta, porque el aspecto comercial también cuenta en la evaluación de la
Sanzar. Luego de estas cuatro fechas, quedó claro que con un trabajo serio y
sostenido durante un largo periodo de tiempo se pueden lograr resultados. Estamos tan cerca y a la vez tan lejos, pero
vamos por el camino correcto.
Por Emiliano Soria


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